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El Reino de Nápoles tras la conquista del Gran Capitán (1504)

El Reino de Nápoles tras la conquista del Gran Capitán (1504)
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La presencia de la Corona de Aragón en el Reino de Nápoles se remonta a la compleja herencia de la reina Juana II de Anjou-Durazzo, que murió sin descendencia en 1435. Este hecho hizo que se abriese un periodo de confrontación entre Alfonso V de Aragón, posteriormente llamado el Magnánimo, y Renato de Anjou, hermano de Luis III de Francia.

El primero había sido adoptado como heredero universal por la reina en 1421 y el segundo había recibido el mismo honor tras las sucesivas disputas de Juana con Alfonso. Desde 1435 Renato se convirtió en Renato I de Nápoles, hecho que enfureció al monarca aragonés, que iniciaría una ofensiva para arrebatarle el trono. La batalla se saldó finalmente con la victoria de Alfonso en 1442, que pasó a convertirse en cabeza, además de Aragón, Valencia, Sicilia Cerdeña y Mallorca, del próspero Reino de Nápoles.

Años más tarde resurgirían las pretensiones de Francia sobre Nápoles y el entonces rey Carlos VIII conquistaría el Reino en 1494, obligando al sucesor de Alfonso, Fernando II de Nápoles, a reclamar el apoyo de Fernando el Católico para hacer frente al invasor. Los siguientes cuatro años se desarrollaría la primera de las Guerras de Italia en las que se distinguiría Gonzalo Fernández de Córdoba por el bando aragonés, forjando el nombre con el que sería recordado para la posteridad, el Gran Capitán. Sin embargo, la victoria alcanzada duraría poco.

Tras la firma del acuerdo por la repartición del Reino entre Fernando de Aragón y el sucesor de Carlos VIII, Luis XII, se desatarían de nuevo las hostilidades. El poco respeto de los franceses a los límites fronterizos establecidos en el acuerdo y su intento de ocupación de Reame hizo que estallara la Guerra de Nápoles entre 1501 y 1504.

De nuevo el Gran Capitán volvió a Italia para comandar las tropas aragonesas. Aunque ya había aplicado anteriormente sus conocimientos y dotes militares aprendidas en la Guerra de Granada, durante la Guerra de Nápoles llevó a cabo una innovación en la organización de los efectivos militares creando una nueva unidad, la coronelía, considerada el precedente del famoso Tercio español. Finalmente, gracias también a una acertada política de ataque, consiguió alcanzar las conocidas victorias en las batallas de Cerignola y Garigliano en 1503 y afirmar la posición española sobre el territorio tras la capitulación de Gaeta el 1 de enero de 1504. Durante la contienda, la nobleza napolitana se había dividido en dos: los partidarios de los Anjou y los más cercanos a la Casa de Aragón.

Entre los pro-franceses había exponentes de la nobleza más alta y reconocida, como los Sanseverino de Salerno, con los cuales hubo una tensión latente. Por su parte, el “popolo” (seggio del popolo) de la ciudad de Nápoles fue generalmente favorable a la victoria de Fernando el Católico, siendo sus miembros los que garantizaron la entrada en Nápoles de las tropas a aragonesas en 1504.

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